13 Jul Muddy Waters: Un rolling stone del Mississippi y un gigante del blues de Chicago
Muddy Waters, cuyo verdadero nombre era McKinley Morganfield, nació el 4 de abril de 1915 en Rolling Fork (Mississippi), zona considerada como la más meridional del Delta, y que se encuentra junto a la Highway 61, a medio camino entre Vicksburg y Greenville. Muddy pasó su infancia junto a su abuela materna en la plantación de Stovall –sus padres se separaron cuando él sólo tenía seis meses-, una extensa área dedicada al cultivo del algodón.
El nombre de Muddy Waters procede de su niñez, cuando su desmesurada afición a jugar con el fango hizo que su abuela siempre le llamara “muddy” (embarrado, fangoso). Por otra parte y a consecuencia del trabajo que realizaba –acarrear cubos de agua para lavar el ganado- todo el mundo le conocía como “waters”, lo que acabó dando lugar al nombre “aguas fangosas” y es así como fue popularmente conocido durante toda su vida.
Ya desde su infancia Muddy demostró un gran interés por la música. De hecho, fue la armónica el primer instrumento que aprendió a tocar. Empezó con un amigo, llamado Scott Bohanna a animar fiestas, meriendas, pic-nics y demás celebraciones. No obstante, ambos cambiaron pronto las armónicas por guitarras, intentando dedicarse a la música de una forma mucho más profesional, aunque desgraciadamente los resultados parece que no fueron nada satisfactorios.
En cuanto a su educación, Muddy como tantos otros jóvenes negros, no pudo ir a la escuela, por lo que no aprendió ni a leer ni a escribir hasta que ya fue mayor. Sin embargo, este handicap le sirvió para desarrollar de una forma más intensa su expresión oral, concediéndole gran importancia a la entonación, las inflexiones vocales, la acentuación de determinadas sílabas y otras habilidades que le fueron de suma utilidad cuando empezó a cantar blues, género que requiere –especialmente el blues profundo del Delta- unas manipulaciones muy determinadas del timbre, de las inflexiones del tono, de los matices, del vibrato y también por supuesto, del falsete para poder ser interpretado con total propiedad. Más tarde, Muddy aplicaría a la guitarra todas estas técnicas vocales que había aprendido. Solamente hay que escuchar su solo en el tema “Honey Bee” que se incluye en numerosas recopilaciones efectuadas por el sello Chess.
Uno de los primeros blues característicos del Delta que Muddy aprendió a tocar fue “Walkin’ Blues”, un viejo tema popular (algunos estudiosos lo atribuyen a Robert Johnson) que luego, en 1941, sería el primer blues que grabaría para la Library of Congress, aunque bajo el título de “Country Blues”, y siete años después sería el cuarto tema que grabó para la compañía Chess, titulándolo esta vez “I Feel Like Home”. También aprendió el “Catfish Blues”, que habían grabado por primera vez Tommy McClennan y Robert Petway, dos músicos muy populares en la ciudad de Greenwood, Mississippi, allá por los años cuarenta. En 1950 Muddy grabó una nueva versión de este tema que titulo “Rolling Stone”, más tarde la volvió a grabar con el título de “Still A Fool”.
Muddy Waters no fue simplemente un artista de folk inmerso en la tradición que le rodeaba. Desde pequeño había podido escuchar, gracias a un fonógrafo que poseía una vecina, a los más populares artistas de blues, como Blind Lemon Jefferson, Leroy Carr, Lonnie Johnson, Charley Patton, o los Mississippi Sheiks, lo que le proporcionó un amplio abanico de posibilidades y estilos.
Cuando Waters abandonó el Delta en marzo de 1943, ya había podido apreciar un camino importante en la vida y las costumbres de su región. En su infancia, apenas sí se veía un automóvil, pero, a consecuencia de la Depresión, el Gobierno había llevado a cabo un vasto plan de construcciones viarias para dar empleo a los parados y ahora, carreteras y autopistas cruzaban el territorio. La electricidad había llegado también a los pequeños pueblos y ya no era necesario que músicos ambulantes animaran las pequeñas fiestas, bailes, barbacoas, etc., pues las juke box inundaban los bares y tabernas más apartadas.
A pesar de todos estos cambios, ni la vida, ni la música, ni las costumbres habían evolucionado tan deprisa en el sur como en el resto del país. En el Delta quedaba todavía una audiencia fiel a la música y los discos de blues rural propiamente dicha. Durante los años 30 y principios de los 40, el mercado había sido monopolizado por los artistas que residían en Chicago. Cuando Muddy llegó a esta ciudad, todos los grandes personajes del blues grababan, bien para Columbia o bien para el sello Bluebird, de Victor. Em ambas firmas, el responsable de las series de blues, era el productor blanco Lester Melrose. Todos los artistas de Melrose provenían del downhome: Tampa Red, de Georgia, John Lee “Sonny Boy” Williamson, de Jackson, Wasboard Sam, de Arkansas, Big Bill Broonzy, de Mississippi y, por entonces, todos ellos empezaban a grabar respaldados por un pequeño combo compuesto principalmente de guitarra, armónica, contrabajo, washboard, piano y, a veces, clarinete o saxo. La música era una mezcla de blues rural, vaudeville, y nuevos ritmos. Por eso el blues de Muddy sonaba antiguo y pasado de moda, es decir, fuera de onda de lo que en aquellos momentos se estaba cociendo en Chicago, lo que le obligó a adaptar su música al nuevo estilo. Empezó a tocar en las rent house parties que se celebraban en casas y apartamentos del South Side donde vivían los negros emigrados del sur, y no tardó en gozar de popularidad en aquellos ambientes.
Sunnyland Slim conoció a Waters en el Flame Club del South Side de Chicago a mediados de los 40. Era el primer contrato decente que Muddy había conseguido. Le pagaban 32 dólares a la semana y su trabajo consistía en acompañar a la guitarra a su amigo Eddie Boyd que cantaba y tocaba el piano. Hasta entonces sólo había tocado en rent house parties con guitarristas como Jimmy Rogers o Lee Brown, aparte de algunas actuaciones sueltas junto a Sonny Boy Williamson en clubs de las afueras de la ciudad, o participar en jams en clubs del West Side, donde se reunía con Rogers y el guitarrista Blue Smitty (Claude Smith). En estas sesiones Muddy aprendió –sobre todo de Smitty- los estilos de tocar la guitarra que por entonces se consideraban “modernos”. Cuando Waters llegó a Chicago sólo sabía tocar en el estilo bottleneck (técnica consistente en deslizar por las cuerdas de la guitarra un cuello de botella o un cilindro ensartado en el dedo anular, a fin de conseguir efectos de glissando) del Delta, mientras que el estilo mucho más urbano de Smitty era, según la descripción del prestigioso crítico de blues Mike Rowe, un compendio de influencias tan diversas como las de Big Boy Crudup, Yank Rachell, o el guitarrista de jazz Charlie Christian. La banda, donde Sunnyland no tardó en sustituir a Eddie Boyd, siguió actuando en distintos clubs hasta su disolución por problemas personales, aunque no por ello disminuyó la amistad entre Sunnyland y Waters.
En septiembre de 1946, Lester Melrose preparó una sesión de grabación para Columbia incluyendo a Sunnyland como pianista. Muddy intentó sonar lo más “moderno” que pudo, olvidándose del bottleneck, conteniéndose en su forma de cantar y refrenando su trabajo a la guitarra. El resultado fue que Columbia no encontró estas grabaciones suficientemente satisfactorias como para ser editadas y Melrose se olvidó de Waters.
Nuestro hombre tuvo que trabajar entonces como camionero, empleo que, según sus propias palabras, no le iba nada mal, y que alternaba con sus actuaciones en bares, clubs o tabernas.
En 1947, Sunnyland Slim volvió a arreglar una sesión de grabación para Aristocrat, una nueva compañía que acababan de fundar dos polacos de origen judío, Leonard y Phil Chess, junto a una mujer llamada Evelyn. Los hermanos Chess habían llegado a Estados Unidos en 1928 y, en 1947, ya poseían varios clubs y la mencionada firma discográfica, que fundamentalmente producía jazz y rhythm & blues, sólo para el mercado de público negro. Sammy Goldstein, el cazatalentos de la compañía, pensó que el sello Aristocrat podía introducirse en el campo del blues y se puso en contacto con Sunnyland Slim, quien llamó a Muddy y al bajista Big Crawford. Sunnyland interpretó dos temas “Johnson Machina Gun” y “Fly Right Little Girl”. Una vez grabadas, Goldstein le preguntó a Muddy si podia cantar algo y Waters tocó “Little Ana Mae” y “Gipsy Woman” volviendo a intentar sonar muy “moderno” y, por supuesto, sin usar el bottleneck. Había mejorado bastante, pero aún tuvieron que pasar varios meses antes de que el disco saliera al mercado y, cuando lo hizo, pasó totalmente desapercibido.
En 1948, Aristocrat llamó de nuevo a Muddy Waters para otra sesión. Esta vez Muddy se olvidó de todos sus complejos de querer sacar un sonido “moderno” y escogió un repertorio de auténticos blues del Delta tocados con bottleneck. Aunque a Leonard Chess no le convencieron en absoluto, Evelyn estaba entusiasmada y, pese al escepticismo de Leonard, Muddy grabó “I Can’t Be Satisfied” y “I Feel Like Going Home”. El disco apareció en abril de 1948 y a las pocas horas ya se había agotado. Se prensaron más copias, que se volvieron a agotar y, un par de meses después, el disco se había convertido en un hit. Era auténtico blues del Delta, pero aportaba la gran novedad de estar tocado con guitarra eléctrica, lo que le confería un nuevo sonido que, más tarde, sería denominado como rhythm & blues de Chicago.
En sus siguientes grabaciones Muddy estuvo acompañado por Jimmy Rogers a la guitarra, Little Walter a la armónica y Leroy “Baby Face” Foster a la batería y a veces también como segundo guitarra. De esta época datan temas como “You’re Gonna Miss Me”, “Louisiana Blues”, “Long Distance Call”, “Honey Bee” o “She Moves Me” que definieron el nuevo estilo de blues de Chicago. Curiosamente, éste último tema, grabado en julio de 1951 y donde Little Walter usó por primera vez su armónica amplificada en un estudio, se convirtió en un nuevo éxito en las listas de ventas, gracias a la poderosa armónica de Walter junto a la profunda voz de Muddy y el vibrante trabajo de las guitarras eléctricas.
Aquellos años fueron de éxitos constantes para Waters. Entre 1951 y 1955 grabó diferentes temas para Chess que rápidamente llegaron a los primeros lugares de las listas de ventas. Con la aparición del rock & roll, la popularidad de los bluesmen disminuyó entre el público joven, y fueron barridos por artistas como Bo Diddley, Chuck Berry, Little Richard o Fats Domino. Sin embargo, Waters seguía actuando regularmente para un público más minoritario que le seguía fielmente, tanto en Chicago como en los estados del sur. Los jóvenes blancos norteamericanos empezaron a descubrir el blues a través del rock and roll, mientras que los europeos, sobre todo los británicos, lo conocieron gracias al jazz tradicional (con orquestas como la de Chris Barber) y el skiffle (versión inglesa de las jug bands, integradas por guitarra acústica, bajo, washboards y kazoos y cuyo repertorio estaba compuesto por viejos blues de Leadbelly, Big Bill Broonzy o Josh White, siendo Lonnie Donegan el artista británico más popular de este estilo). En este sentido cabe mencionar que cuando Big Bill Broonzy actuó –con enorme éxito- en Londres y Paris en 1951, y también durante las visitas que realizó regularmente a otras capitales europeas (entre ellas Barcelona, Teatro Capsa, 1953) hasta su fallecimiento en 1958, siempre hablaba mucho y bien de Muddy Waters, recomendando a los aficionados y organizadores de conciertos en Europa que intentaran contratarle.
Hasta que Muddy vino por primera vez a Europa, durante el invierno de 1958, los únicos bluesmen que habían actuado en este lado del Atlántico, eran Big Bill Broonzy, Sonny Terry y Brownie McGhee, y Josh White (este último y Sister Rosetta Tharpe también tocaron en Barcelona, si no recuerdo mal en 1958 en el Teatro Coliseum), interpretando todos ellos música acústica fácilmente relacionada con el skiffle al que los jóvenes europeos ya estaban acostumbrados. Por eso cuando Muddy Waters conectó la guitarra a su amplificador usando el hiriente bottleneck y cantando blues con su poderosa voz, la conmoción que produjo fue realmente indescriptible. A pesar de que para muchos aquello fue un choque demasiado fuerte, la verdad es que la gira obtuvo un éxito impresionante frente a un público entre el que seguramente se hallaban los futuros Rolling Stones, Eric Clapton, Yardbirds, John Mayall, y demás líderes del rock-blues británico que aún estaba por venir.
El fulgurante éxito de Muddy Waters en Europa hizo que los aficionados blancos al jazz y al folk en Estados Unidos se fijaran en él y le contrataran para actuar en el Newport Jazz Festival de 1960, un festival genuinamente de jazz, sin concesiones al rock and roll y a otros estilos, pero que incluía una parte especial del programa dedicada al blues. Aquel año, al inicio del festival, una gran multitud de jóvenes intentaron colarse en el recinto, lo que produjo fuertes enfrentamientos con la policía. Estos acontecimientos obligaron a la organización a cancelar todos los conciertos excepto los de blues, Muddy se presentó acompañado por Pat Hare a la guitarra, Otis Spann al piano, James Cotton a la armónica, Andrew Stephenson al bajo y Francis Clay a la batería. Desde su inicio, el concierto fue todo un éxito y cuando Muddy empezó a tocar el último tema, que era el que siempre utilizaba para cerrar los conciertos en Europa, y que no era otro que “Got My Mojo Working”, aquello se convirtió en el delirio. La banda tuvo que repetir el mismo tema varias veces ante la insistencia del público por volver a escucharlo. Finalmente, y para acabar el concierto, decidieron que Otis Spann saliera él solo al escenario para interpretar “Goodbye Newport Blues”.
Al poco tiempo, Chess publicó un álbum recogiendo la actuación de Muddy Waters en el Festival de Newport, que tuvo muy buenas ventas, especialmente en el Reino Unido. Y así, cuando Muddy volvió por segunda vez a Europa, en 1962, y pensó que la forma de agradar al público británico era interpretar viejos temas acústicos, la gente le pedía que enchufara la guitarra a su amplificador.
En 1964, los Rolling Stones empezaron a grabar alguna versión de temas de Waters y a mencionar, en diferentes entrevistas, su reconocimiento y admiración por este artista y por el blues en general. Fue a partir de este momento cuando el nombre de Muddy Waters empezó a brillar definitivamente con luz propia.
A finales de los 60, los ejecutivos de Chess intentaron forzar a Muddy a grabar álbumes de “psicodelia” para encajar con la moda hippy (como el polémico Electric Mud de 1968). Muddy odiaba ese disco, afirmando que el sonido de los pedales de efectos arruinaba la pureza de su blues.
La verdadera redención comercial y artística llegó en la década de 1970 de la mano del guitarrista tejano albino Johnny Winter. Winter, un fanático devoto del blues en general y de Waters en especial, produjo una serie de álbumes para Muddy bajo el sello Blue Sky Records. El primero de ellos, Hard Again (1977), capturó la ferocidad en vivo de Muddy de una forma que no se escuchaba desde los años 50. El álbum le valió un premio Grammy y relanzó su carrera a nivel internacional.
En 1976, Muddy fue invitado por el grupo de rock canadiense-americano The Band a participar en su concierto de despedida, filmado por Martin Scorsese en el legendario documental The Last Waltz. Su interpretación de “Mannish Boy” en ese concierto es considerada uno de los momentos más poderosos de la historia del cine musical; un Muddy Waters sexagenario dominaba el escenario con una energía física y vocal que empequeñecía a las estrellas de rock de la época.
Muddy Waters falleció mientras dormía debido a un fallo cardíaco complicado por el cáncer de pulmón el 30 de abril de 1983, en su casa de Westmont, Illinois, a los 70 años de edad. En su funeral, una marea de músicos de blues y estrellas de rock presentaron sus respetos. B.B. King declaró con tristeza: “Pasarán décadas antes de que el mundo entienda completamente lo mucho que Muddy Waters hizo por la música estadounidense”.
Hasta aquí hemos intentado desglosar de forma breve la historia menos conocida pero no por ello menos importante de la biografía artística de Muddy Waters. Del resto se han escrito ya numerosos artículos o libros y existe una vasta información al alcance de los lectores. Solamente me gustaría recordar que fue un hombre bueno, que supo comprender la importancia de la ayuda de los ya consagrados para con los que empiezan, tal como él se benefició en sus inicios, y que luego derrochó a manos llenas con sus discípulos. Según sus propias palabras: “Cada sideman (músico de acompañamiento) trabaja duro en una banda, preparándose para el día en que será lo suficientemente fuerte para emprender el vuelo por su cuenta. Todos quieren llegar a ser líderes. Yo también pensaba eso, cuando era un simple acompañante”. Hoy día, con la perspectiva que da el tiempo, es fácil admirar su capacidad para encarnar la tradición más antigua del blues y asumir la herencia de maestros como Son House o Robert Johnson, además de erigirse en padre espiritual de la mayor revolución musical y cultural del mundo occidental que supuso la irrupción del rock & roll. Y no sólo eso, sino que supo convertir el blues urbano que se interpretaba a finales de los años cuarenta en el más lacerante, corrosivo e imaginativo rhythm & blues de Chicago. Como escribió el célebre crítico de blues Pete Welding: “La vital y excitante escena del blues de Chicago de postguerra, estuvo desde el principio dominada por una figura soberana, Muddy Waters, que abrió al futuro todos los caminos, tanto en estilo como en sonido, repertorio e instrumentación”.
Muddy Waters actuó dos veces en Barcelona, en 1968 y 1976, ambas en el Palau de la Música.
Por todo cuando acabo de relatar, me siento orgullosos de poder rendir con estas líneas mi pequeño homenaje a uno de los grandes padres del blues de todos los tiempos, Mr. MUDDY WATERS. ¡Larga vida al blues!
Vicente Zúmel