Helen Humes

Helen Humes: La cantante que supo alternar el Jazz, el Swing y el Rhythm and Blues con enorme eficiencia

Helen Humes fue una de las vocalistas más versátiles, longevas y fascinantes de la historia de la música afroamericana, capaz de alternar con absoluta maestría entre el jazz de la era del swing, el blues tradicional y el incipiente rhythm and blues. Nacida el 23 de junio de 1913 en Louisville, Kentucky (aunque documentos posteriores sugieren que pudo haber sido en 1909), Humes es ampliamente recordada por asumir la monumental tarea de sustituir a Billie Holiday en la mítica orquesta de Count Basie, consolidándose como una de las intérpretes más dinámicas de su generación antes de redefinirse a sí misma en múltiples ocasiones a lo largo de más de cincuenta años de carrera.

A diferencia de muchos de sus contemporáneos en el blues, Helen Humes creció en un hogar próspero, feliz y de clase media en Louisville. Hija única de una maestra de escuela y del primer abogado negro de la ciudad, se formó musicalmente tocando el piano y el órgano en la iglesia local.

Su talento no tardó en llamar la atención de la comunidad. Siendo una adolescente, fue descubierta en un concurso local por el guitarrista de blues Sylvester Weaver. Con apenas 14 años de edad, Weaver convenció a la madre de Helen para llevarla a San Luis y Nueva York, donde en 1927 realizó sus primeras grabaciones de estudio para el sello OKeh Records. Aquellas sesiones primerizas incluyeron temas de blues clásico con letras sorprendentemente maduras (y a veces subidas de tono) para una intérprete de su edad, algunas de ellas grabadas junto al virtuoso de la guitarra Lonnie Johnson.

A mediados de la década de 1930, Humes se trasladó definitivamente al vibrante circuito de cabarets y salones de baile de Nueva York. Allí comenzó a foguearse profesionalmente cantando con las agrupaciones de Stuff Smith y Al Sears, demostrando una agilidad vocal y una dulzura tonal que rápidamente llamaron la atención de los grandes directores de orquesta de la época.

El gran salto a la escena nacional ocurrió a finales de la década de 1930. Tras llamar la atención del influyente productor y cazatalentos John Hammond, Humes se unió a la recién formada big band del trompetista Harry James en 1937. Con James registró sus primeros éxitos comerciales de swing, incluyendo clásicos de la época como “Jubilee”, “I Can Dream, Can’t I?” y “That’s the Dreamer in Me”.

El punto de inflexión definitivo de su carrera llegó en 1938. La inigualable Billie Holiday había abandonado abruptamente la legendaria orquesta de Count Basie. Basie, quien ya había intentado fichar a Helen un año antes en Cincinnati (recibiendo un rechazo inicial porque ella ganaba más dinero en los clubes locales), acudió de nuevo a ella por recomendación directa de Hammond.

Humes se unió formalmente a la formación de Basie en marzo de 1938. Su paso por la banda duró cuatro intensos años marcados por giras nacionales y grabaciones históricas. En el seno de la orquesta, Helen tuvo que lidiar con una curiosa división de roles: dado que la banda ya contaba con el monumental Jimmy Rushing para los números de blues (“blues shouter”), a ella se le asignaron principalmente las baladas románticas y las piezas de música popular de corte más comercial. Canciones como “Between the Devil and the Deep Blue Sea” se convirtieron en piezas centrales de su repertorio con Basie, demostrando que poseía una voz cristalina y ligera, pero dotada de un fraseo rítmico implacable que encajaba a la perfección con la maquinaria de swing de Kansas City.

Humes abandonó a Count Basie en 1942 para emprender su andadura en solitario. Tras unos años como artista independiente en Nueva York, se mudó a Los Ángeles en 1944, sumergiéndose de lleno en la floreciente escena musical de la Costa Oeste. Fue durante este periodo cuando Helen ayudó a tender un puente definitivo entre el jazz tradicional de las grandes orquestas y el naciente rhythm and blues.

En 1945 grabó para el sello Aladdin Records el tema “Be-Baba-Leba”, que se convirtió en un éxito arrollador en las listas de R&B. A este triunfo le siguió en 1950 la picante e irreverente composición de Benny Carter “Million Dollar Secret”, un clásico absoluto de su catálogo donde desplegaba su característico sentido del humor y letras cargadas de dobles sentidos. Durante los años 50, se mantuvo activa realizando giras con el célebre proyecto itinerante Jazz at the Philharmonic de Norman Granz, colaborando con figuras de la talla de Nat King Cole y Dizzy Gillespie, y prestando su voz para bandas sonoras de películas de Hollywood como Panic in the Streets (1950)  en la que al principio de la pelicula suena su voz cantando un excelente blues mientras la cámara dirigida por Elia Kazan se acerca lentamente en un traveling hacia la nuca del gran Jack Palance que está jugando una partida de póker.

A finales de la década, entre 1959 y 1961, Humes grabó tres álbumes solistas excepcionales para el sello Contemporary Records bajo la producción de Benny Carter. En estas grabaciones estuvo respaldada por gigantes del jazz como el saxofonista Ben Webster y el pianista Wynton Kelly, ganándose el elogio unánime de los críticos, quienes la catalogaron como una de las vocalistas más completas y originales del género.

A pesar de su reconocimiento en Europa (donde realizó giras a principios de los 60 con el prestigioso American Folk Blues Festival), Helen Humes decidió alejarse de los escenarios. Se mudó a Australia en 1964 y, tras regresar a los Estados Unidos en 1967 para cuidar de su madre enferma en Louisville, dio por terminada su etapa en la música. Vendió sus discos, regaló su tocadiscos y comenzó a trabajar en una fábrica local de municiones. Para el mundo del espectáculo, Helen Humes se había convertido en un recuerdo del pasado.

Sin embargo, el productor Stanley Dance se negó a que una voz de ese calibre quedara en el olvido. En 1973, la convenció para realizar una aparición especial en el Newport Jazz Festival. Lo que se planeó como una actuación aislada se convirtió en un triunfo histórico. Su voz, lejos de haberse deteriorado por los años de inactividad, conservaba intacta la frescura, el brillo y la vibrante calidez de su juventud.

El retorno de Humes a la música fue espectacular. En 1973 recibió el premio de la Industria Musical de Francia y, en 1975, las llaves de su ciudad natal, Louisville. Humes se convirtió en la atracción principal del famoso club The Cookery en Nueva York entre 1974 y 1977, congregando a multitudes de viejos y nuevos fanáticos. Grabó prolíficamente para sellos como Columbia y Muse Records, registrando su último álbum de estudio, titulado sencillamente Helen, en 1980.

Helen Humes falleció a causa de un cáncer el 9 de septiembre de 1981, a la edad de 68 años, en un centro médico de Santa Mónica, California. Sus restos descansan en el Inglewood Park Cemetery.

El “milagro” de Helen Humes radicó siempre en su extraordinaria elasticidad estilística. En una era donde las discográficas encasillaban estrictamente a los artistas negros, ella defendió con orgullo su identidad como una vocalista total. En una entrevista concedida al crítico de jazz Whitney Balliett, Humes resumió su propia esencia con una claridad absoluta:

“Me han llamado cantante de blues, cantante de jazz y cantante de baladas. Bueno, soy las tres cosas; lo que significa que simplemente soy una cantante”.

A diferencia de las trágicas trayectorias personales de contemporáneas suyas como Billie Holiday o Dinah Washington, Humes siempre abordó la vida y el negocio musical con una sonrisa inquebrantable, optimismo contagioso y una calidez hogareña que se filtraba en cada una de sus notas grabadas. Su legado perdura como el sonido definitivo de la era dorada del swing y la transición rítmica que cambió la música popular para siempre.

Vicente Zúmel



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