29 Jul Eddie Vinson: El hombre que puso de moda la estética calva en la música popular
Eddie “Cleanhead” Vinson fue una de las figuras más fascinantes, influyentes y singulares de la música afroamericana del siglo XX. Dominó con maestría absoluta dos mundos que a menudo caminaban separados: el jazz (desde el swing hasta el bebop) y el blues tradicional. Además de ser un virtuoso del saxo alto con un tono desgarrador, poseía una voz única como blues shouter (cantante de blues a grito pelado para aquellos que no lo sepáis).
Edward L. Vinson Jr. nació el 18 de diciembre de 1917 en Houston, Texas. La música corría literalmente por sus venas de forma generacional, su abuelo era violinista, su madre (Arnella Session) era pianista y su padre era conocido en la escena local como “Piano” Sam Vinson.
Comenzó cantando de niño en los coros de la iglesia, pero su destino cambió por completo al entrar en la Jack Yates High School. Allí descubrió el saxo alto. Su talento progresó de una forma tan insultante y rápida que, siendo todavía un estudiante adolescente, los directores de las grandes orquestas locales se peleaban por él para que realizara giras veraniegas. Su primer contrato profesional llegó en 1932 con la Chester Boone’s Territory Band.
Cualquier biografía de Vinson exige detenerse en el origen de su icónico apodo. En su juventud, la moda entre los músicos afroamericanos dictaba llevar el cabello perfectamente liso (un peinado conocido como conk). Para lograrlo, se utilizaban mezclas caseras extremadamente agresivas.
Un día de principios de los años 40, Eddie intentó alisarse el cabello por su cuenta. Calculó mal las proporciones y la mezcla, que contenía lejía pura, le quemó el cuero cabelludo y destruyó por completo su cabello. Sin otra alternativa para salvar su aspecto, decidió afeitarse la cabeza por completo. Lejos de acomplejarse, Vinson se enamoró instantáneamente de su nuevo aspecto calvo y brillante. Se convirtió en su sello de identidad y adoptó con orgullo el apodo “Cleanhead” (Cabeza Limpia). Los historiadores del jazz bromean con que Eddie Vinson puso de moda la estética calva en la música popular décadas antes de que aparecieran figuras como Telly Savalas (Kojak) o Michael Jordan. El músico le dedicó su propio tema humorístico a la desgracia: “Cleanhead Blues”.
Tras graduarse en 1935, se unió a tiempo completo a la legendaria orquesta de Milton Larkin. Aquella banda de Texas, aunque nunca llegó a grabar en estudio, es recordada como un semillero de genios indomables: la sección de vientos la compartía con tótems como Illinois Jacquet y Arnett Cobb, mientras que la guitarra la manejaba el mismísimo T-Bone Walker.
Durante una gira con Larkin, conoció al legendario bluesman Big Bill Broonzy. Vinson solía contar en los festivales europeos que, hasta ese momento, él se consideraba un músico de jazz sofisticado y no sabía nada de blues rural. Fue Broonzy quien lo tomó bajo su ala y le enseñó físicamente la técnica exacta para “gritar el blues”, moldeando esa voz rasgada y potente, muy en la línea del gran Big Joe Turner
En 1941, buscando las grandes ligas, Vinson se mudó a Nueva York. El icónico trompetista de Duke Ellington, Cootie Williams, lo reclutó de inmediato para su propia Big Band. Con Williams, Eddie se convirtió en la atracción principal de la banda gracias a éxitos masivos como “Cherry Red” y “Somebody Got to Go”. Su forma de tocar el saxo alto, fuertemente influenciada por Johnny Hodges, empezó a meter el lenguaje del blues profundo dentro de las sofisticadas armonías de la era del Swing.
En 1945, tras un breve paso por el ejército al final de la Segunda Guerra Mundial, formó su propia gran orquesta de 16 músicos y firmó con Mercury Records. En 1947 reventó las listas de R&B con un éxito de doble cara legendario: “Old Maid Boogie” y su canción insignia eterna, “Kidney Stew Blues”.
Al ser un “crossover” perfecto entre la picardía del blues de calle y el R&B bailable, Vinson compuso varios temas cargados de un alto e ingenioso contenido sexual lírico (como “Some Women Do” y “Ever Ready Blues”). Aunque causaban furor absoluto en sus salvajes directos en los clubes nocturnos, fueron censurados y prohibidos oficialmente en las estaciones de radio de la época por ser considerados “demasiado verdes o lascivos” para la moral pública.
Entre finales de 1948 y los primeros años 50, un jovencísimo y desconocido John Coltrane entró a formar parte de la sección de vientos de la banda de Cleanhead Vinson. En ese momento, Coltrane tocaba exclusivamente el saxo alto. Sin embargo, Vinson ya tenía cubierta la plaza de alto (que tocaba él mismo) y le dio un ultimátum a Coltrane: o se pasaba al saxo tenor o no había trabajo. Coltrane aceptó, compró un tenor y comenzó su transición. Fue bajo la estricta disciplina de las giras de Vinson donde Coltrane cimentó el tono del instrumento que más tarde revolucionaría la historia de la música universal.
Existe una tremenda controversia histórica respecto a las capacidades compositivas de Eddie Vinson. Dos de los estándares más famosos y complejos de la historia del Jazz Moderno/Bebop, “Tune Up” y “Four”, aparecen registrados oficialmente bajo la autoría del titán de la trompeta Miles Davis.
Sin embargo, los miembros de la banda de Vinson, investigadores musicales y el propio “Cleanhead” sostuvieron siempre que él escribió ambos temas a principios de los años 50. Vinson incluso llegó a grabar maquetas tempranas de las piezas. Según la tradición oral del jazz, Davis escuchó los temas en las sesiones, vio el potencial comercial en los circuitos de vanguardia, e inscribió los derechos a su propio nombre aprovechando que Vinson estaba más enfocado en el circuito comercial de R&B. A pesar del “robo” legal, Vinson siguió tocando los temas en vivo toda su vida, reclamando su autoría ante el público con humor e ironía.
A mediados de los años 50, el auge del Rock & Roll primitivo redujo drásticamente el mercado para las Big Bands de Jump Blues. Cansado de la carretera, Vinson regresó a Houston en 1954 para dar clases de música. No obstante, su incombustible calidad lo hacía irresistible: tuvo breves pero electrizantes regresos con la Count Basie Orchestra en 1957 y colaboraciones en estudio con el gigante del bebop Cannonball Adderley en 1961 (un disco homónimo absolutamente imprescindible para entender el Jazz-Blues).
En los años 60 se mudó a Los Ángeles y se unió a la Johnny Otis Revue. Su gran regreso internacional ocurrió en el Festival de Jazz de Monterey de 1970. A partir de ahí, y durante casi dos décadas, “Cleanhead” vivió una segunda edad de oro. Se convirtió en la máxima atracción de los festivales europeos de verano (como Montreux y Niza), donde el público idolatraba su energía inagotable.
A finales de los 80, a Eddie Vinson le diagnosticaron cáncer. A pesar de estar sometido a sesiones destructivas de quimioterapia y mostrar una fragilidad física evidente entre bastidores, la música operaba milagros en él. Los promotores de la Southern California Blues Society recordaban asombrados que, en sus últimos conciertos de 1988, Eddie caminaba casi arrastrando los pies hacia el escenario; pero en cuanto se colgaba el saxofón y se encendían las luces, proyectaba una voz colosal, soplaba con una ferocidad salvaje y desplegaba un carisma arrollador que hacía imposible pensar que estaba gravemente enfermo.
El 2 de julio de 1988, a los 70 años, Eddie Vinson sufrió un ataque cardíaco fulminante mientras estaba ingresado en un hospital de Los Ángeles. Dejó atrás a su esposa Bernice (con quien estuvo casado 51 años), tres hijas y un vacío insustituible.
Su legado sobrevive de forma directa: su fraseo rítmico, el uso impecable de los tresillos en el saxo alto y sus inflexiones vocales rurales sirvieron de molde directo para el desarrollo técnico de gigantes posteriores como Charlie Parker y Cannonball Adderley. Vinson demostró al mundo entero que se podía ser sumamente sofisticado en lo armónico sin perder jamás el aroma a tierra y realidad del blues más crudo.
Vicente Zúmel