29 Sep Steven B. Dolins: El Guardián de las Teclas de Chicago: Historia y Evolución de The Sirens Records
The Sirens Records es un sello discográfico independiente fundado en Chicago en 1975 por Steven Dolins, David Goldberg y Barry Dolins. A diferencia de las discográficas contemporáneas de la “Ciudad del Viento”, que se volcaron en el blues urbano electrificado por la guitarra o en las producciones comerciales de soul y R&B, la misión fundamental de The Sirens ha sido preservar, documentar y dignificar la rica y a menudo eclipsada tradición del piano y los teclados dentro del blues, el boogie-woogie, el góspel y el jazz de Chicago.
La historia comenzó a mediados de la década de 1970, impulsada por un joven Steven Dolins obsesionado con las raíces musicales de su ciudad natal. A la edad de 17 años, Dolins combinaba sus estudios con visitas frecuentes a los clubes del South Side y West Side de Chicago, donde descubrió que los pianistas clásicos del género estaban quedando relegados a un segundo plano por el auge de las bandas eléctricas.
En 1975, el sello nació formalmente con la adquisición y reedición en vinilo del álbum clásico Primitive Piano. Grabado originalmente en 1957 por Erwin Helfer, este disco era una joya de valor incalculable que contenía las únicas grabaciones conocidas de Doug Suggs y James Robinson, además de piezas históricas de Speckled Red y Billie Pierce. Su relanzamiento estableció la declaración de intenciones de The Sirens: el piano no era un mero acompañamiento, sino el protagonista absoluto.
Solo un año después, en 1976, Dolins logró un hito histórico al reunir en un estudio a un auténtico “equipo de ensueño” del piano local. El concepto del álbum Heavy Timbre fue recrear las legendarias house rent parties que habían florecido en el Chicago de las décadas de 1920 y 1930, donde los pianistas se desafiaban y complementaban mutuamente.
Dicha sesión inmortalizó la destreza entrelazada de cinco titanes de las 88 teclas, Sunnyland Slim, la figura paterna del blues de Chicago, Blind John Davis, el estilista sofisticado que grabó con docenas de leyendas en los años 30 y 40, Willie Mabon, famoso por sus éxitos en Chess Records en los años 50, Jimmy Walker, fiel exponente del blues de taberna y el boogie-woogie más crudo y Erwin Helfer, el joven prodigio blanco que aprendió directamente de los viejos maestros y se convirtió en el puente generacional del sello.
Steven B. Dolins
Tras este fulgurante inicio, la vida profesional llamó a las puertas de Steven Dolins. Decidió poner el proyecto discográfico en una larga pausa de 25 años para enfocarse en su carrera dentro de las ciencias de la computación, aunque nunca dejó de frecuentar los clubes ni de mantener una estrecha amistad con los músicos.
El catalizador del regreso fue el pianista Barrelhouse Chuck, quien convenció a Dolins de que los últimos maestros del piano de Chicago estaban envejeciendo sin que nadie documentara sus últimos años de genialidad. En 2001, The Sirens Records se reactivó formalmente con el lanzamiento del disco de Erwin Helfer, “I’m Not Hungry But I Like To Eat – Blues!”, el cual recibió una nominación a los prestigiosos premios Handy (actuales Blues Music Awards) y devolvió al sello al mapa internacional.
A partir de este relanzamiento, la discográfica expandió de forma masiva su catálogo a través de producciones meticulosas, caracterizadas por grabaciones acústicas de alta fidelidad que capturan la madera y el alma del piano. Su catálogo se estructuró en tres grandes vertientes musicales.
El sello se convirtió en el principal refugio de los pianistas de blues de la vieja escuela. The Sirens produjo álbumes cruciales para Pinetop Perkins, el legendario pianista de la banda de Muddy Waters, cuya longevidad y carisma quedaron registrados en íntimas sesiones solistas y grupales. Detroit Junior, conocido por su estilo energético y sus letras humorísticas, Barrelhouse Chuck, Discípulo directo de Sunnyland Slim, Little Brother Montgomery y de Pinetop Perkins, quien plasmó en el sello su profundo conocimiento del estilo Chicago.
Erwin Helfer fue la columna vertebral del sello. La alianza con Helfer continuó siendo tan prolífica que propició colaboraciones internacionales memorables, destacando el álbum de duetos “Two Pianos Too Cool”, junto a mi amigo el pianista de blues y boogie-woogie barcelonés Lluís Coloma, una cumbre del género a dos pianos.
Históricamente, los coros masivos habían dominado las grabaciones de góspel. Sin embargo, Chicago fue la cuna del góspel moderno gracias a Thomas A. Dorsey, y los teclistas de sus iglesias que poseían una técnica extraordinaria. The Sirens reparó esta injusticia histórica lanzando la aclamada serie de álbumes recopilatorios Chicago Gospel Keyboard Masters.
A través de esta línea, el sello inmortalizó la destreza de Jessy Dixon una leyenda del góspel que giró con Paul Simon, Geraldine Gay perteneciente a las famosas Gay Sisters, cuyo estilo al piano combinaba la devoción religiosa con el ritmo del stride y el boogie. Reverendo Dwayne R. Mason, un torbellino al órgano Hammond B-3 y al piano que demostró la vitalidad del género en las iglesias contemporáneas.
Para complementar esta labor sonora, Dolins coescribió el libro “Can I Get a Witness! Faith, Family and Chicago Gospel Music”, una obra fundamental que profundiza en la historia familiar y la fe de las Gay Sisters y la escena sacra de la ciudad.
El sello no se limitó al blues y la música sacra, abriendo sus puertas al jazz acústico tradicional y al bebop. Destaca de sobremanera la figura de Earma Thompson, una pianista infravalorada por la industria, pero venerada por sus colegas en Chicago por su sofisticado sentido de la armonía. The Sirens le dio la oportunidad de grabar sus primeros álbumes como líder al final de su vida. Asimismo, el virtuoso del órgano Chris Foreman aportó la vibrante tradición del jazz de club nocturno, mientras que vocalistas locales de primer nivel como Katherine Davis y Kimberly Gordon sumaron textura y sofisticación al catálogo.
Hoy en día, operando desde los suburbios de Chicago, The Sirens Records es considerada por historiadores, musicólogos y críticos internacionales como un tesoro de la música estadounidense.
Su importancia histórica radica en su resistencia cultural, mientras las multinacionales de la música viraban hacia la producción digital masiva, los sintetizadores y los algoritmos comerciales, este pequeño sello independiente se mantuvo firme como un archivo sonoro viviente. Gracias a la visión inquebrantable de Steven Dolins y sus colaboradores, el sonido percusivo, alegre, melancólico y profundamente espiritual del piano de Chicago, aquel que definió el paisaje urbano del siglo XX, sigue resonando con total claridad y fidelidad en el siglo XXI.
Vicente Zúmel